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Paseillo político ante la Justicia

Julia Cruz | Madrid


Como  un torero en el patio de cuadrillas de La Maestranza sevillana. Como  una modelo a punto de inaugurar la pasarela de Milán. Así de solos se ven los políticos en el trance de acudir a declarar a los tribunales. Y más cuando la palabra corrupción está detrás de la citación, ya sea como imputado o como simple testigo.

 

Solo, al paso, a pecho descubierto y con la mirada al frente hizo su aparición y despedida Francisco Álvarez-Cascos en la Audiencia Nacional para declarar como testigo en el caso Bárcenas. Pero ni una sola palabra ni suspiro alguno salieron de su boca. Al menos no en el trayecto que realizó en estas dos ocasiones entre su coche oficial, detenido en la esquina del madrileño Paseo de Recoletos con la calle Prim, y el Tribunal, en esta misma vía.

Un paseo de más de 100 metros que se convirtió en el momento de mayor expectación de la jornada a las puertas de la Audiencia, en parte por el forcejeo que se produjo entre los medios de comunicación y la cadena policial que escoltó al ex secretario general del PP y actual presidente de Foro Asturias en la comunidad autónoma hasta que la ventanilla del vehículo escondió el semblante contenido de Álvarez-Cascos. "Quítenme a ése de ahí", dijo el policía que le cerraba la puerta del coche refiriéndose a uno de los cámaras que grababan, poniendo fin a la escena de enredo y desconcierto.

"¡Señor Cascos!, ¿había contabilidad B en el Partido Popular?, ¿hizo usted cobros?, ¿o pagos?". Las preguntas de los periodistas quedaban sin respuesta mientras todos avanzaban a empujones, pisotones y cámaras por los aires. Gritos de indignación e insultos de algunas personas concentradas en la zona, como "ladrón" y "chorizo", quedaban tras el coche del ex ministro de Fomento.

 

Esta aparición contrastó con la del segundo ex secretario general popular del día que compareció ante el juez Ruz. Javier Arenas sólo se dejó ver unos instantes. Puso el primer pie en el suelo desde el coche, ya a la entrada del número 12 de Prim, y allí fue recogido tras su declaración. No miró atrás en ningún momento, entró rápido, decidido y acompañado. Y, a su partida, la última tras las salidas de los otros tres testigos, Álvarez-Cascos, Cristóbal Páez y Antonio Ortiz, todavía quedaban fuerzas para un último exabrupto. "¡Arenas, ladrón, vas a acabar en Soto del Real, muy cerquita de mi casa!", lanzó al aire una de las poco más de 10 personas, a excepción de los periodistas, que aguantaron desde primera hora de la mañana en los alrededores de la sede judicial hasta que desapareció el auto del dirigente andaluz sobre las cinco de la tarde.

El grupo más numeroso de quienes se concentraron en la zona para expresar su malestar con los políticos populares lo conformaron los preferentistas de Bankia que, liderados por su Mariano Rajoy característico en forma de careta y guiados por un gran sobre con el remite Bar Cenas. Especialidad en chorizos. Soto del Real, mantuvieron los pitidos y cánticos de protestas toda la mañana. "Gobierno dimisión, corruptos a prisión" pedían sujetando consignas como "Con Bárcenas aún trinando y otras gaviotas graznando, el pájaro huye al campo".

 

“Confío en ella”

Que María Dolores de Cospedal levanta pasiones entre los votantes del PP no lo duda nadie. "¡Cospedal, Cospedal, Cospedal!", clamaban al día siguiente tras las comparecencias de Álvarez-Cascos y Arenas un grupo de jóvenes populares que se concentró ante la Audiencia para apoyarla. "Confío en ella, no me creo que haya robado", afirmaba uno de ellos.

 

"Venimos de Toledo". "Nos acabamos de encontrar". "Somos de Nuevas Generaciones, pero no estamos organizados". Lo único en lo que se pusieron de acuerdo los más de 20 simpatizantes allí reunidos es en que estaban en Madrid para solidarizarse con la actual secretaria general y que ella, aunque sabía que vendrían, no les había ni pedido que estuvieran.

Con la llegada de la presidenta de Castilla-La Mancha a la sede judicial, los aplausos y vítores se mezclaron de nuevo con los gritos de los afectados por las preferentes de Bankia, muy ruidosos aunque apenas llegaron a superar el medio centenar de personas. Ambos grupos se enfrentaron a gritos al final de la madrileña calle Prim con el Paseo de Recoletos pero permanecieron separados por una valla improvisada y fortalecida por la Policía.

Cánticos de "ésto nos pasa por un Gobierno facha" y "dónde están, no se ven, los esbirros del PP" se aliaron con pancartas que difundían mensajes como "Santa Cospedal a sus fieles da el don de robar" para hacer frente a la solitaria consigna del coro de "¡Cospedal, Cospedal, Cospedal!", amplificada por un megáfono.

 

La tensión se alargó tan sólo unos minutos después de la entrada de la dirigente popular. La figura de Cospedal salió de un vehículo oscuro minutos antes de las nueve y media de la mañana y antes de traspasar la puerta de entrada al Tribunal regaló, girando levemente la cabeza hacia la izquierda, una media sonrisa a la prensa. Breve pero justa. Sin ofrecer mayores impresiones, entró decidida, aunque no fue hasta las 11 menos cuarto cuando fue llamada para testificar ante el magistrado Pablo Ruz.

 

El ambiente tabernero en el interior de la Audiencia dio paso al silencio absoluto cuando iba a ser pronunciado su nombre. María Dolores de Cospedal. Y todas las miradas se centraron en el paso fuerte y enérgico pero nervioso y tenso de la número dos justo antes de adentrarse en el interrogatorio por los papeles de Bárcenas y la supuesta contabilidad B del Partido Popular, que se extendió durante más de dos horas. Comenzaba una nueva espera.

A medida que avanzaba la mañana los preferentistas y los populares se fueron distanciando cada vez más hasta acabar cada uno en una esquina y acera distinta del paseo de Recoletos. Y hasta que no se cumplieron las dos horas de declaración no volvieron a la carga: "Gobierno dimisión" y "Corruptos a prisión" contra "¡Cospedal, Cospedal!".

 

La despedida de la secretaria general tuvo lugar sobre la una y cuarto de la tarde y transcurrió de forma similar a su llegada. Fue recogida por un coche negro en la puerta del número 12 de Prim, sede provisional de una Audiencia Nacional en obras.


Sin embargo, decidió marcar distancia con sus antecesores en el cargo, Álvarez-Cascos y Arenas. María Dolores de Cospedal sí se dirigió a la multitud de periodistas que la esperaban en la acera de enfrente del edificio judicial y pronunció un balance final: "Todo bien".

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