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Haití: La vida después de la muerte

DANIEL SOMOLINOS|Madrid

“Temí por mi vida. Estaba en el jardín cuando me abordó el terremoto. Mi casa se derrumbó ante mis ojos”, rememora Vladimir Félix, un joven haitiano de 18 años nacido en Puerto Príncipe. Salió a la calle y vio las viviendas desplomarse una detrás de otra, “como si fuesen fichas de un domino”. Corriendo, fue a buscar a su mejor amigo y lo encontró llorando frente a su casa, derruida, sin saber dónde se encontraban su mujer y su hijo: “Al verle también comencé a llorar”.

 

El martes 12 de Enero de 2010, la muerte recorrió las calles de Haití extendiéndose como una intensa niebla que lo cubre todo. Cuatro años después de que un fuerte seísmo sacudiese el país más pobre del continente americano siguen muchos interrogantes en el aire. Si las palabras fueran dinero, ¿cuánto valdría una vida humana?

 

En la debacle haitiana murieron 316.000 personas. Equivale a toda la población de Lugo, Pontevedra, Orense y Teruel juntas. Además, dejó heridos aproximadamente a 350.000 individuos y le robó el hogar a otro medio millón. En la actualidad sigue habiendo más de 170.000 habitantes viviendo en carpas o en tiendas de campaña, según datos facilitados por Cruz Roja Española.

 

El periodista Jorge Barreno, colaborador de EL MUNDO, cubrió el cataclismo en primera persona: “Llegué a sitios donde no había llegado nadie y muchas personas me pedían que les ayudase. Yo no podía hacer nada”.

 

PRINCIPIO DE SOLIDARIDAD

Nada más conocerse el desastre una multitud de países se movilizaron para tratar de paliar los daños. No presagiaban el futuro deparaba a la mayoría de las ayudas de emergencia enviadas por avión. “Me impactó ver cómo gran parte de los recursos donados estaban bloqueados en el aeropuerto debido a que nadie podía sacarlos de allí”, evoca Barreno. Cuando el material enviado por aire iba llegando a Haití, se fue apilando poco a poco por las extensas vías del campo de aviación. Hacinándose como el polvo en los rincones, sin poderse consumir o utilizar. “El único que tiraba ayuda humanitaria desde los helicópteros, al principio, era el ejército de Estados Unidos”, afirmó el reportero.

 

El doctor Glodel Mezilas, primer secretario de la embajada de Haití en Madrid, explicó que “el Gobierno, al igual que el aeropuerto estaban destruidos. Si le sumamos la cantidad de gente que llegaba de todos los países más todas las donaciones, era imposible gestionarlo todo”.

 

Conscientes de que en aquél entonces la capital haitiana, Puerto Príncipe, era un cúmulo de escombros, la ONG Alianza por la Solidaridad logró regatear el infortunio que asoló el aeropuerto. “Nuestras ayudas llegaron desde la frontera de República Dominicana por carretera y barco”. La responsable del departamento de comunicación de esta ONG, Carolina García, detalla la precariedad de las infraestructuras del país, llegando a tardar entre seis y siete horas en recorrer apenas 200 kilómetros. “Pese al caos que envolvía a las autoridades públicas, encontramos una sociedad civil muy activa”, recuerda García, haciendo alusión a las organizaciones haitianas. “Ellas mismas fueron las que realizaron el censo de las familias y gestionaron la entrega de las ayudas”. 

Dos meses después de la tragedia, en marzo de 2010, se celebró en Nueva York la Conferencia de los Donantes. Participaron más de 100 países, entre los que se encontraba España. En ella, se consiguieron comprometer ayudas por valor de 3900 millones de euros para los años 2010 y 2011, y 9000 millones de euros a largo plazo. En la actualidad, el pueblo haitiano aún sigue esperando recibir la totalidad de aquél compromiso. “No ha llegado todavía toda la ayuda prometida”, afirma Ernesto Rosseau, presidente del Círculo Cultural de Amistad Hispano Haitiano, una asociación que pretende fomentar las relaciones entre Haití y España.

 

Rosseau destaca como en una catástrofe de estas características todos los alimentos y dinero donados son poco: “Los países ricos del primer mundo podían haberse estirado un poco más”. El doctor Mezilas también hace hincapié en que la contribución de la comunidad internacional no se ha recibido en su totalidad, pero se muestra más diplomático al valorar las aportaciones de cada nación: “Es difícil pedir más cuando ya te han dado algo. Donan en función de sus posibilidades, cada patria tiene sus problemas”. Santiago López, responsable del Plan Especial Haití de Cruz Roja Española, destaca cómo este territorio tenía problemas estructurales antes del terremoto, con unos niveles de pobreza y carencias enormes: “Esta situación no se soluciona sólo con ayuda humanitaria, para levantar un país se necesita un sistema económico más justo, mejoras en el empleo, oportunidades educativas…”. López ve en la evolución social “la verdadera recuperación”.

 

 

INFORMACIÓN INICUA

Alfred Hitchcock decía que a todo el mundo le gusta presenciar un asesinato, siempre que no sea el suyo propio. La muerte atrae. Y la prensa lo sabe. Sin unos límites éticos claros, cubrir este tipo de acontecimientos siempre levanta suspicacias debido al trato que algunos medios periodísticos les dan. Barreno confía en que muchos medios realmente quieren ofrecer un servicio noticiario a los lectores. “Es una especie de ‘oferta’ y ‘demanda’ informativa, basada en los ingresos obtenidos por publicidad, en la que verdaderamente se intenta informar”, explica el corresponsal. Pero no todos los medios compartieron esa filosofía. Guiándose por el refrán “100 muertos es una tragedia, uno es una historia”, reporteros de numerosos estados se instalaron en Haití, buscando desgracias y miserias que vender al por mayor. “Me acuerdo de que a Puerto Príncipe llegaban periodistas del ‘corazón’, lo que era deprimente”, detalla Barreno, que cree que en cualquier catástrofe siempre hay medios que basan sus beneficios en contar penas ajenas. 

García recuerda que durante las primeras semanas de la catástrofe, la información transmitida por los medios de comunicación fue tachada de sensacionalista y tremendita. “Hubo polémicas por el tratamiento gráfico de algunas víctimas o por titulares como Haití desaparece”, rememora la responsable de comunicación de Alianza por la Solidaridad. Esta organización, junto con otras ONG’s, protestaron por estos procedimientos, llegando a redactar una carta a la defensora del lector de un importante periódico español: “Nos contestaron diciendo que si no contaban las cosas así, la ciudadanía española no se habría movilizado”.

 

El presidente del Círculo Cultural de Amistad Hispano Haitiano se muestra tajante en este tema: “No quiero creer que la prensa sólo pensase en vender periódicos, sería inhumano”. Rosseau continúa asintiendo cómo en una catástrofe de estas dimensiones el papel de los medios es fundamental, si no el mundo no se enteraría. “Siempre habrá quien se aproveche de estas situaciones, y eso es reprobable, muy reprobable. Hay que contar que la condición humana tiene a veces esas calamidades”.

 

Las portadas de los principales periódicos nacionales trataron el suceso el día después de una forma muy diversa. Sólo EL MUNDO Y El País abrieron sus portadas con el desastre. La Vanguardia y ABC hicieron una pequeña reseña en la parte inferior de sus primeras planas. El caso mas llamativo es el de La Razón, que directamente no se hizo eco de la noticia. Una fotografía que hacía alusión al cambio de sexo en España coronaba su portada. Miembros de la sección de internacional de aquél entonces fueron preguntados por esta omisión tan relevante y no supieron dar una explicación.

 

LA ESPAÑA MÁS HUMANA

El pueblo español fue de los primeros en arrimar el hombro tras la catástrofe. De los 3900 millones previstos en la Conferencia de Donantes, nuestro país prometió 346 millones convirtiéndose así en el tercer estado más generoso, según datos de Alianza por la Solidaridad. “Nuestra ONG consiguió recaudar 757.487,86 euros procedentes de donantes particulares y empresas”, señaló García, que recuerda como sólo un día después del terremoto se empezó a trabajar en la identificación de las personas afectadas para una correcta distribución de las ayudas. Por su parte, Cruz Roja Española, recaudó 53 millones de euros, de los que ya se han ejecutado más de 37. “El 16 de enero ya distribuíamos 120.000 litros de agua potable al día en seis puntos de la capital”, recuerda López, detallando como esos litros sirvieron para atender a más de 100.000 personas diarias.

 

“Siempre que hay una catástrofe en cualquier parte del mundo todos los españoles apoyan la causa. El Gobierno de turno se portó bien”, agradece Rosseau.Desde la embajada de Haití confirman que España cooperó mucho con su país. Glodel Mezilas concretó que la ayuda española fue muy generosa: “Les tenemos mucho afecto a los ciudadanos hispanos, son nuestros amigos”.

 

ATISBOS DE ESPERANZA

Después de la tormenta siempre viene la calma. Pero tanto sosiego cuando hay vidas humanas en juego es fatídico. “Hay que tener paciencia y desear un poco más de aceleración… ¡Qué lleguen ya las ayudas prometidas!”, anhela Rosseau, que califica la recuperación de Haití es lenta pero comprensible ya que “una nación como la nuestra no se reconstruye ni en cuatro años ni en 20”.

 

Pese a que Haití se ha borrado del mapa de la memoria de la mayoría de los seres humanos ajenos al país, López destaca cómo la población haitiana es un ejemplo de esfuerzo y superación: “Nos mostraron que es posible levantarse de cualquier situación y seguir adelante con dignidad”.

 

Rosseau también apela a la dignidad, destacando como el pueblo haitiano es sufrido pero heroico y trabajador. “Sólo hay que recordar que fue el primer país negro que derramó su sangre para conquistar su independencia en 1804”, recuerda el presidente del Centro Cultural Hispano Haitiano.

 

“Desgraciadamente, la vida humana vale más o menos dependiendo de dónde vengas, de si eres blanco o negro, hombre o mujer…”, resalta García, reflexionando acerca de cuántas palabras vale un ser humano. “Probablemente la de un presidente valga un periódico entero, la de un cooperante un par de páginas, y la de una persona haitiana apenas las dos primeras palabras de una entradilla”, apuntala la responsable del departamento de comunicación de Alianza por la Solidaridad, concisa en su mensaje.

 

Concisa también es la misiva de Cruz Roja, que apuesta por la educación como base sobre la que se sustenta una sociedad próspera. Ha rehabilitado 41 escuelas hasta la fecha, en las que estudian más de 7000 niños y niñas. También se han construido cuatro nuevas de las 13 que se realizarán a lo largo de 2014. Porque como dice un proverbio haitiano, Pitit se riches malere: El futuro de los niños es la riqueza y la esperanza de los pobres.

 

El nuevo presidente de Haití, Michel Joseph Martelly, ha devuelto la ilusión a muchos de sus habitantes, entre ellos a Vladimir Félix. “Apoya la educación, ofreciendo clases primarias gratuitas”, declara el joven, elogiando al máximo dirigente que también ha creado nuevos centros de salud en pueblos lejanos a la capital. Cuando Félix y su amigo, desolados, se encontraban ante la casa derruida de este último, el destino les reservaba una grata sorpresa. Encontraron a la mujer y al hijo de su compañero en perfecto estado, transformando sus lágrimas de dolor en lágrimas de felicidad.

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